CRÓNICAS FULANAS
El relato que van a leer a continuación es fruto de una ardua investigación en la vida y la obra de Fulanos de Tal, ese combo madrileño que tantas alegrías ha dado a nuestros corazones. De su coraje, de su insistencia y de su afán por sobrevivir en la jungla sonora que nos ha tocado en gracia podremos extraer más de una enseñanza que, a buen seguro, nos convertirá en mejores personas, y nos elevará espiritualmente a estadios antes desconocidos por el alma humana. Si disponen de unos minutos, les contamos la historia.
El hecho de que David y Jordi tocasen juntos por primera vez en una Marcha Contra el Paro y la Pobreza, allá por mediados de los noventa, es, de entrada, un dato sumamente valioso en estos primeros momentos de la epopeya fulana. Igual de valioso es el que afirma que, unos meses antes, los dos personajes se habían conocido en un parque, aunque en ese tema preferimos no rascar. Tal vez la marcha no fuese el lugar más halagüeño, hasta ahí todos de acuerdo, pero sí nos es útil para esbozar a mano alzada el perfil alevín de los dos insignes fundadores de la charanga. David, roquero urbano de los urbanos de San Cristóbal. Jordi, cantautor mostoleño de bufanda y taburete. Y es aquí donde llega la primera de las enseñanzas de este bonito cuento, amigos: confórmense siempre con lo que han nacido; piensen que de semejante fusión podían haber salido unos Pedro Guerra con falsete a lo Barón Rojo… o unos Porretas con gafas y chanclas de dedo, que igual era hasta peor. Pero en fin, no nos desviemos.
El caso es que, a partir de entonces, David empezó a acompañar a Jordi en sus conciertos, y éste hizo lo propio en los directos individuales de David. Casas okupadas, botellones de parque, bares de extrarradio y otros escenarios de similar catadura estaban siendo, sin saberlo, testigos del germen fulano. Un germen que cobró cuerpo, como si de una ecografía se tratase, en el legendario Siglo XXI, un garito del no menos celebrado distrito de Villaverde. Allí, un público heterogéneo compuesto por profesionales de lo etílico, gitanos de temporada y hasta coros búlgaros de cumpleaños asistió a las primeras actuaciones como dúo de la pareja. Quien recuerde el bar de La Guerra de las Galaxias podrá hacerse una idea del panorama. Decididamente, desde aquella Marcha Contra el Paro la cosa seguía sin augurar nada bueno.
Total, que en éstas llegó el cambio de milenio, y con él los euros, las neuras y un montón de cambios que nos pillaron a todos por sorpresa. Por ejemplo, ¿alguien sabe por qué Mister Proper pasó a llamarse Don Limpio después de 2000? El pobre hombre debe de estar muerto de la vergüenza con un nombre tan ridículo, ¿no creen? Pero ese no es el tema que nos ocupa. La cuestión es que con el nuevo siglo, y el callo mucho más formado, los chavales deciden dar un paso más allá y grabar una primera maqueta con los temas que tocaban en el ya lejano Siglo XXI (el bar, queremos decir) Es también en ese momento cuando ofrecen su primer concierto con el nombre de Fulanos de Tal. Fue en el Búho Real, uno de los locales emblemáticos del circuito cantautoril madrileño, donde se presentaron ataviados con chisteras, chaquetas de lentejuelas y ese buen humor tan característico suyo. Nunca más volvieron a tocar allí y en este punto de la historia llega la segunda gran enseñanza: la única lucha que se pierde, es la que se abandona.
Pero regresemos de nuevo a Villaverde, porque precisamente en la tierra que vio debutar a nuestros protagonistas se va a producir otro de los grandes momentos en la carrera fulanesca. Nada menos que un concurso de cantautores. Ellos no lo ganaron, no se vayan a creer, pero en cambio allí conocieron a Luis Ramiro, y a través de él a Marwan y a Salvador Amor. Y como es mucho mejor ganar amigos que ganar premios, pues eso; gracias a este encontronazo, los recién bautizados Fulanos de Tal ofrecieron, junto a Luis, Salvador y Marwan, un concierto conjunto en el teatro Ático de Leganés. Poco tiempo después, y con Andrés Lewin como quinto elemento, ya estaban repitiendo el espectáculo en dos de las salas más prestigiosas de Madrid: Galileo Galilei y Clamores. ¿Ven cómo a la larga es mejor ganar amigos? Pues ésa es la tercera enseñanza de esta narración.
Y en éstas llegamos a 2004, año en el que, más crecidos que nunca, se encierran a autoproducir, autograbar y autoeditar su primer trabajo, “Las pilas del Corazón”; un disco con diez de los temas que habían ido arrastrando desde aquel lejano concierto en el Búho Real. A estas alturas, ya se había unido a la banda Isi Estévez, virtuoso de la flauta, la armónica y demás instrumentos de soplar, y con él grabaron y presentaron el disco en la sala Galileo Galilei. Pero en ese concierto también participaría otro de los puntales de la actual formación de la banda: Ramón el del cajón. Se da la circunstancia de que Ramón nunca había visto en directo a los Fulanos; poco antes le habían conocido en un parque (hay que ver qué fijación tienen estos chavales por los parques) y ya no conseguirían quitárselo de encima. El egregio percusionista de la voz varonil les había conquistado para siempre.
Con Isi y Ramón ya integrados completamente en el grupo, los siguientes hitos en esta historia, a finales de 2004, fueron su primer concierto en solitario en la sala Galileo y el fichaje de Rubén “Muñe” como nuevo bajista. Poco más tarde se incorporarían La Bego a la voz (y qué voz, oiga) y Edu Fages a la batería. Con la familia casi consolidada, en otoño de 2005, el grupo deja de tocar en directo, y empieza a preparar su segundo disco, “Fulaneando”, también elaborado de forma artesanal; esto es, autoproducido. Fue presentado en marzo de 2006, de nuevo en Galileo Galilei. La gente aplaudió mucho, así que debió de gustarles.
Y así hasta el día de hoy. Con el ingreso en la banda de Pablo “Rongo” al trombón y Ricky a la guitarra eléctrica, se completó la charanga ambulante, que en estos últimos meses ha estado girando por salas y verbenas populares, llegando a compartir escenario con músicos como Kiko Veneno, Muchachito Bombo Infierno o Medina Azahara, entre otros. Demostración de la cuarta y última de las enseñanzas de estas crónicas, amigos: todo es posible si se desea con mucha fuerza. Por eso, cualquiera puede ser neurocirujano, astronauta o multimillonario tan sólo con cruzar los dedos y concentrarse mucho, mucho. Que nadie les engañe diciéndoles que hay que estudiar para ser alguien en la vida…
¡Todo el mundo a fulanear!
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