
Cuando en 1998 el reverendo Marylin Manson dio un inesperado cambió de rumbo a su hasta entonces oscura línea artística con Mechanical animals, muchos de aquellos fans que descubrieron en él al nuevo mesías del rock no supieron encajar el repentino cambió y parecían haber perdido su fe en la supuesta grandilocuencia transgresora de Manson y su impactante universo de tinieblas. Mechanical animals significó un paso decisivo en la trayectoria del grupo que lo alejaba de sus extremos más salvajes y tenebrosos, y se adrentaba en una nueva dimensión dominada por la estética glam y las melodías pop. Todo aquel que había vivido la explosión de una bomba llamada Antichrist superstar en el invierno de 1997 y se sintió defraudado con su percusor, no esperaba reencontrarse de nuevo con el Manson de esa época. Pero parece que ahora, gracias a la aparición de un álbum como Holy Wood (In the valley of the shadow of death), la singular trilogía del reverendo se cierra con una vuelta a los días en los que la oscuridad se adueñaba de cada detalle en el universo mansoniano. La música, la imagen, la actitud y el mensaje parecen volver a ser los mismos de entonces, volviendo a abandonar de nuevo un estilo para auto-reinventase a sí mismo, siguiendo los inverosímiles parámetros de su particular metamorfosis artística.
Y llegados a esta nueva etapa, Marylin Manson no falló a su puntual cita con su público en Barcelona, en su ya cuarta visita, dónde podríamos comprobar directamente el peso y la coherencia de su propuesta. Siempre con el reclamo de sus shows teatrales y su cuidada estética escénica, unas 4000 personas se acercaron al pabellón de la Vall d´Hebrón para rendirse a los pies de un supuesto reinventado Marylin Manson que parecía prometer el infierno de antemano. Máxima expectación y entradas agotadas desde hacía varios días. El espectáculo se avecinaba incluso antes de salir el reverendo a escena gracias a una variada fauna de incondicionales ataviados con sus mejores galas, lentillas de colores y collares de perro confiscados.
Después de una contundente actuación de los teloneros Disturb con un agresivo directo a medio camino entre Korn y Helmet, se inició el show de Marylin Manson y su circo de freaks con una espléndida puesta en escena dónde después de escuchar una introducción muy cercana a las atmósferas hipnóticas de Nine Inch Nails, se vislumbró la sombra de una enorme mariposa detrás del telón con la consecuente caída del mismo y la imagen del reverendo ensamblado a dos enormes alas de seda. El infierno se inició entonces con un himno irresponsable al odio (Irresponsable hate anthem) con cierto caos sonoro que lo hizo ininteligible hasta al cabo de unos minutos, para ser precedido por varias piezas de la misma intensidad que dieron paso a una magistral interpretación de Tourniquette con el reverendo andando como una mantis religiosa subido a unos zancos (primer recuso recuperado de la gira de Antichrist Superstar).
Las canciones de Holy Wood eran coreadas por la entregada audiencia. Temas como Disposable Teens asomando la mantenida sombra del glam, The love song con el estribillo que da nombre al tour coreado por toda la sala, The fight song con el reverendo subido a un podio con actitud mesíanica (segundo recurso recuperado), Crucifiction in space de corte suave y estribillo explosivo mientras Manson se sostenía a unos 8 metros del escenario enfundado en una falda de tela que llegaba hasta el suelo, The nobodies el tema más redondo del álbum o Burning flag siendo la canción más salvaje de la noche. También sonaron himnos como Sweet dreams, Lunchbox, The beautiful people y el único bis The reflecting God que sirvió como final indeseado para poco más de escasa hora y media de espectáculo. Mucho más corto de lo esperado. Algo menos intenso de lo previsto, teniendo en mente al Manson de 1997. Pero ni mucho menos decepcionante.
Quizá la única pega es el hecho de conducir un espectáculo paralelo al que lo lanzó a la fama en la gira del incomensurable Antichrist superstar, repitiendo una misma fórmula que sigue siendo muy efectiva en directo, pero que no deja de ser la readaptación de algo que antes significó la irrupción de una propuesta extremadamente original y transgresora, y que ahora se queda en poco menos que la autoimitación artística (que no autoparodia). Marylin Manson parece estar hurgando en el mismo baúl de siempre, dónde sus posibilidades artísticas se extienden en una misma línea marcada por primera vez hace ya 5 años, y que ahora se manifiestan con cierto aire de añoranza por la intensidad de un pasado en que sus shows se acercaban más al caos de lo imprevisto que a la armonía de lo profesional. De todas formas, siempre seguirá siendo infinitamente más interesante presenciar la cópula en escena de Marylin Manson con una fan de las primeras filas que las forzadas posturas de putón cibernético que el reverendo nos ha ofrecido hasta hace muy poco. El espectáculo vuelve a estar servido.
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sáb30jun
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