Michael Monroe volvió a Barcelona con su poderoso rock & roll y un derroche de facultades de la que carecen muchos grupos actuales. Este rubio finlandés ya nos sorprendió a todos hace unos meses visitando por primera vez nuestro país con una redonda actuación durante la fiesta mayor de Badalona.
Michael Monroe, que había sido líder de los Hanoi Rocks, una de las bandas de hard-rock más valiosas de los años ochenta, se subió por la estructura de hierros de Mephisto, se lanzó encima del público, asaltó la barra del bar porque se estaba muriendo de calor y de sed y justificó porque ha sido una de las grandes influencias de grupos como Guns´N´Roses, Poison, Mötley Crue y otras bandas que resurgieron el movimiento glam hace dos décadas.
Monroe siempre será un rockero maldito porque a pesar de que su imagen glamourosa ya ha desparecido casi por completo de la actual escena musical, él sigue siendo un músico honesto y que tiene una calidad muy superior a la de otros nombres del género. Precisamente el calor asfixiante y la falta de aire fueron una de las principales razones para afirmar que este concierto no fuera tan brillante como el de Badalona.
En Mephisto solamente actuaron durante una hora y media, mientras que hace unos meses alargaron su show durante dos horas. A pesar de estas circunstancias ambientales y de sonido, es una gozada ver de nuevo a Michael Monroe y a su demoledora banda interpretando temas tan brillantes como Nothing´s alright (con el que empezó el concierto después de que el resto de la banda hiciera un amago de interpretar el Kick out the Jams de los MC5), Dead, jail or Roc´n´Roll, Not fakin´ it, la versión de Up around the bend de Creedence Clearwater Revival (que en su momento realizó con Hanoi Rocks). Magistrales fueron también los homenajes a los que fueron dos de sus amigos, ya fallecidos: el que fue líder de Dead Boys y de Lords of New Church, el gran Stiv Bators y otro de los pioneros del punk con los New York Dolls, Johnny Thunders, al que Michael Monroe le dedicó la versión de la portentosa I wanna be loved tocando la batería y confirmando sus excelentes aptitudes con diversos instrumentos musicales (sin olvidar, claro, el saxo).
La actuación de Michael Monroe fue sin duda uno de los mejores recitales que puedan haberse llegado a celebrar en nuestro país.
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