
Sobre la niñez y la formación
Nací en Beirut en 1968. Soy libanés-armenio de segunda generación. Es una nacionalidad distinta, ni libanés, ni armenio. Éramos armenios fuera de Armenia. Mi padre era violinista. Mi madre fue directora de una escuela armenia y tengo dos hermanas mayores.
La guerra empezó en Líbano cuando era niño. Tenía siete años y me mudé con mi madre y mis dos hermanas a París durante los primeros dos años de la guerra. Mi padre se quedó en Líbano. Vivimos bien en París. Después de dos años pensamos que la guerra en Líbano había terminado. ¡Que tontos!. Eran tiempos difíciles, pero todo el mundo estaba viviendo la misma situación. Apenas lo noté. Ahora cuando pienso en aquello, sé que era difícil. Pasamos días en los refugios contra bombardeos con escasez de agua, comida y electricidad.
Empecé a tocar el violín cuando tenía 7 años. Mis padres estaban contentos porque el sistema educativo durante la guerra era totalmente irregular. Enseguida empecé el estudio formal clásico pero también aprendí canciones populares. Creo que por esto ahora tengo el oído muy formado para la música oriental y cuando toco flamenco o jazz me adapto rápidamente.
Sobre la enseñanza
Empecé a aceptar alumnos de violín hace 2 o 3 años. Siempre les enseño de la misma manera. Les enseño de la manera que me hubiera gustado que los profesores me enseñaran a mí. Muchos profesores no quieren enseñar como tocar el violín. Sólo quieren que algún día el estudiante llegue a ser famoso y que la fama que llega al estudiante también llegue a ellos. Intento despertar la imaginación y ayudar al estudiante a buscar su propio estilo. Les ayudo a recorrer el camino. Creo que hay tantos estilos de tocar el violín como violinistas hay en el mundo. La imitación no vale. Aparte de fomentar su estilo, les enseño una técnica rigurosa y trato de despertar el sentido musical de cada persona.
Sobre la vida profesional
Toqué en mi primer concierto cuando tenía 12 años. La ventaja de tocar en el Líbano con esa edad fue que no había mucha tradición violinística y aunque no era el mejor violinista del mundo, en el Líbano era una especie de estrella.
Cuando tenía 14 años un director alemán vino a Beirut. Toqué para él y me consiguió una beca para estudiar en Alemania. Con 15 años me fui del Líbano.
Cuando pienso en los éxitos que he tenido en mi vida siempre pienso en el Premio Sarasate de Bilbao. Empecé a participar en concursos con 17 años. Gané las primeras tres y muchos profesores empezaron a acercarse ofreciéndome clases. Pensé que con la ayuda de grandes maestros iba a llegar a ser un violinista extraordinario. Después me di cuenta de que no podían ayudarme. Tenía que aprender de las equivocaciones. Tres años antes del Sarasate en 1995 dejé de estudiar con profesores. Me alegré de ver que era capaz de ganar un gran concurso como el Premio Sarasate en estas condiciones.
En el mundo musical existen muchos prejuicios, conservadurismo. Alguna gente piensa que los libaneses no pueden ser músicos clásicos. Yo intento demostrar que los libaneses no son todos bailarinas de vientre o terroristas. Yo no sé disparar un arma, pero si sé tocar el violín.
Los concursos han cambiado pero aún son la mejor manera para que un joven violinista pueda proyectarse al público si no tiene buenas conexiones en el mundo de la música. Si su tío no es Yehudi Menuhin ni su padre presidente de una compañía de discos, si no tiene el talento ni tiempo para pasarse cuatro horas cada mañana escribiendo y llamando a todo el mundo, entonces los concursos son la manera de contactar con la gente que pueden ser útiles para su carrera. Sin embargo, esta no es la única razón para competir. Algunos violinistas lo hacen para motivarse para estudiar; para ensayar y preparar un programa. Lo hacen sin pensar realmente en ganar o no, el concurso. Si ganan, claro está, tanto mejor pero este no es su objetivo principal. Creo que es una sana manera de enfocar el tema de los concursos que por desgracia se ve cada vez menos.
Cuando yo empecé a competir hace 15 años era mucho más común y cuando competíamos también nos dedicábamos a salir y hacer amigos, a confraternizar. Íbamos a nadar, salíamos a cenar o a tomar una copa. Por desgracia, en las últimos concursos que hice el ambiente era cargante. Nadie se hablaba y había una marcada tendencia a concursar a unas edades más y más jóvenes. Raramente, se ve a alguien mayor de 24 años. A los 25 ya te consideraban viejo. Los competidores acudían con sus familias enteras, padres, hermanos, abuelos que te miraban como el enemigo. El ambiente era bastante malo. Desde entonces ya no sigo quien concursa ni gana porque los números se han disparado. Te presentas a una agencia de artistas diciendo que has ganado tal o cual concurso y eras uno entre muchos. Me parece que es importante como se enfoca la cuestión: los objetivos deben ser los correctos ajustados a las necesidades de cada uno. No se debe pensar en quien va a apoyar a quien en el jurado, ni en los favoritismos, ni en las mafias que existen.
Puentes entre la música clásica y el futuro
Si tengo que definirme musicalmente por supuesto soy clásico. He tocado música clásica toda mi vida, pero hoy en día hay un movimiento de lo clásico hacia la música mundial. En muchos círculos la mezcla de clásica con otros tipos de música no es muy aceptado. Como ejemplo, es muy difícil conseguir incluir un concierto del Ensamble Nuevo Tango (www.ensamblenuevotango.com), en una serie de conciertos de tipo clásico. Pero este tipo de música del mundo, con quienes he grabado el CD "500 Motivaciones" en Ceyba, tiene mucha influencia clásica.
Luego, hay piezas como el "Buey sobre el tejado" de Milhaud escrita en los años 20. La voy a tocar con la Orquesta Sinfónica de la Comunidad de Madrid el día 15 de junio, 2001 (19:30, Auditorio Nacional, Sala Sinfónica), y también en Hannover este invierno. No se oye frecuentemente quizá por su dificultad técnica y su duración. Es bastante largo para una pieza con un solo movimiento, más o menos 20 minutos. Así pues no se conoce mucho y sin embargo es música fantástica, muy poco común, atrevida, con el brío propio del jazz.
Milhaud había estado en Nueva York donde oyó jazz en Harlem. Posteriormente, fue a Brasil durante la época de carnaval. En primer lugar, el "Buey sobre el tejado" sintetiza el jazz con la tradición clásica. Milhaud tomó mucho de estilos populares sudamericanos como el tango, rumbas, sambas y marchas. Esta obra le dio popularidad y causó una polémica que le benefició en cierto modo para darse a conocer. Había un proyecto para usarla en una película que no resultó. Pero es perfecta para una película muda como una comedia de Charlot por estar llena de vida, sincopada y muy divertida. Se oyen harmonías inusuales para la época aunque no se puede definir como atonal.
Este año también he tenido varias colaboraciones para música de cine. Todas las partes para violín solo en las películas "Manolito Gafotas" y "El Otro Barrio" son míos. La música de cine tiene el deseo de evocar emociones según la trama de la película. Por un lado es algo funcional pero sirve como puente entre lo popular y lo culto.
También hay piezas propiamente clásicas con interés especial por su temática actual o universal. El 25 de octubre toqué como concertino un poema sinfónico de Richard Strauss, Ein Heldenleben (Una vida de héroe) en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional con la Orquesta Sinfónica de la Comunidad de Madrid. Es una obra autobiográfica con seis secciones con sus títulos orientativos como "La compañera del héroe, Los adversarios de héroe, El campo de batalla, etc." Strauss retrata a sí mismo, a sus detractores, su esposa y la sociedad. Pasa por un abanico de temas y emociones: la fuerza, la audacia, el amor, el desamor, la violencia, la melancolía, la soledad, la ignorancia y la nostalgia. Tiene muchos solos, suficientes para considerarlo casi un concierto para violín.
El CD que acabamos de reeditar Serouj (Kradjian) y yo, "Sonatas para violín y piano" de Robert Schumann para el sello Hänssler lo vamos a presentar en el Auditorio Conde Duque en Madrid en noviembre. Ha recibido una crítica excelente. Con Serouj grabé "Miniatures" en 1998 en nuestro propio sello Malkrafon, de música para violín y piano de compositores armenios.
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