Esporles 2001
Mallorca
6, 7 y 8 de julio
Para los que hemos pasado largos años de nuestra vida experimentando la profunda calma que se respiraba en nuestra isla, y al mismo tiempo hemos divisado el ilustre espejismo de una Mallorca infinita en posibilidades para fusionar a modo de simbiosis perfecta, sus privilegios paisajísticos con la música más honesta, esta edición del Festival Isladencanta 2001, no ha significado más que la manifestación de un sueño heredado del esfuerzo y la fe de su gente.
Mallorca se ha despertado de un largo sueño. Las primeras legañas pegajosas se empezaron a desprender con una olvidable pero necesaria primera experiencia llamada Hibritart en el verano del 2000. Más adelante, el empuje de Toni Plà (director del evento) y su efusivo conjunto de colaboradores, se encargó de que esa primera aproximación no se convirtiera en un brote efímero de entusiasmo y materializó con la mayor de las concreciones la realidad absoluta de un festival imprescindible donde la variedad en propuestas musicales y artísticas cayese por el aplastante peso de su calidad. Jon Spencer Blues Explosion, Godfrapp, Stereolab, Six By Seven,... la gama de artistas más que reconocidos ha sido apabullante en comparación con el año anterior, y la posterior descarga de emociones y sorpresas no ha tenido desperdicio. Por fin respiramos rock con los aires propios de una propuesta que empieza a despuntar como futura cita veraniega inaludible.
Después de un primer día agotador plagado de ritmos electrónicos y las más variadas sesiones de psicología de baile por parte de An Der Beat, Le Hammond Inferno o Le Grand David, comenzó la primera jornada de rock con un irrisorio concierto (?) de los desconocidos Dwomo, un dúo que afirma sin miedo al ridículo que lo suyo es "folk galáctico". Quizás deberían tener algo más de vergüenza a la hora de hacer lo que ellos llaman música y los demás entendemos como hacer el ridículo. En el escenario principal los granadinos El Hombre Burbuja supieron quitarnos el mal sabor de boca anterior con un excelente directo y una propuesta abierta que retoma los pasos del noise-pop de mediados de los 90. Me encantó "Kill the mosquito". La verdad es que tienen mucha personalidad.
De nuevo en la carpa del escenario Pasatiempos, otra banda de Granada, Cecilia Ann se aventuró a practicar un pop en español que para muchos puede sonar fresco y apetecible pero que para mi gusto deja mucho que desear. No son malos, pero tampoco acabaron de convencer. Lo de Niños Mutantesya fue otra historia. A pesar de tener algunos problemas de sonido al principio de su actuación, sonaron compactos y demostraron tener una rica lista de composiciones que se manifiesta de forma muy intensa en directo. Posiblemente se encuentran en su mejor momento.
A continuación la nueva sensación mallorquina, Neo Tokyo, demostró que su aparente propuesta de sonido vanguardista sólo tiene interés por lo puramente visual. Esperaba más de un grupo que algunos alababan por una supuestamente interesante fusión entre rock industrial, ambient y after-punk electrónico, junto con el apoyo escénico de unas proyecciones de estética manga y expresionismo post-nuclear. Al final su show de andar por casa se redujo a tres tíos alternando imágenes de Mazinger Z y Akira, con la electrónica más simplista y convencional. Quizá lleve una venda en los ojos y me pierda los primeros pasos hacia un estilo imprescindible dentro de unos años..., pero es que sinceramente: no lo creo.
Antonio Luque se ofreció a sembrar un leve atisbo de romanticismo independiente que fue brotando con fuerza durante todo su concierto, demostrando el peculiar magnetismo de una personalidad brumosa capaz de simular con apetecible desgana lo mejor de sus melodías inconfundibles. Sr. Chinarro llevan mucho tiempo en esto de la música y no hace falta decir que conocen su terreno de memoria. Es agradable encontrarse con músicos honestos en este país que no intentan destacar forzadamente por sus nulas aptitudes carismáticas. Su carisma se basa en mantenerse fieles a su autenticidad.
Gorky´s
Zygotic Mynci eran uno de los platos fuertes del día,
y en el escenario Pasatiempos se adueñaron de
nuestras mentes y corazones, salpicando al personal con
irresistibles gotas de psicodélia y pop lisérgico.
Se formaron en Gales a mediados de los 90 y cuentan con un
buen puñado de álbumes, entre los que destaca
su último trabajo "The blue trees".
Su líder, Euros Childs, y su hermana, sostienen
todo el peso de una banda que fue capaz de acariciarnos suavemente
como una pluma, y al mismo tiempo cortarnos insidiosamente
como el más afilado de los cuchillos. Una verdadera
delicia.
Los londinenses Hefner pueden ser todo lo evocadores y descarnados del mundo, pero a mí me parecieron un autentico coñazo. Puede que tengan algunas composiciones interesantes basadas en un costumbrismo gris y urbano que puedo entender atractivo, pero me siguen pareciendo un autentico coñazo. Ya se sabe, sobre gustos...
Algo parecido me ocurre con Stereolab. Cualquiera es capaz de valorar una carrera tan fructífera e influyente como la suya, pero su música no acabó de cuajar del todo ese día. Poseen canciones interesantes que coquetean con distintas texturas de pop sofisticado, pero su pose en escena (sobretodo la de Katharine Gifford) es tan aburrida como anodina. Lo siento por sus fans, pero la estrella del día actuó mucho antes.
Lo de Goldfrapp en el escenario pequeño fue de otro mundo. Lo cierto es que ya iba preparado de antemano, alentado por la gélida melancolía de su sobrecogedor "Felt mountain", pero de todas formas caí rendido a los pies de Alison Goldfrapp del mismo modo que lo hizo la mayoría de los que presenciaron su oscura exhibición de misticismo y negra sensualidad. Las canciones fueron cayendo como insectos que se desvanecen por un perfume envenenado, realzadas por la intensidad de una voz única. Lo suyo fue pura hipnosis. Lástima que no pudiéramos contemplar al mismo tiempo la luna llena y las tumbas del cementerio colindante. La música lo requería...
Para
el día siguiente también se avecinaban muy buenas
sensaciones -como la esperadísima aparición
de su majestad Jon Spencer y sus Blues Explosion-,
pero también habría que tragarse algún
que otro bodrio como La Buena Vida, y aguantar el infortunio
de los murcianos Ross tocando a horas intempestivas
después de Jon Spencer y Satellites.
Como suculento primer plato, Sammy y su compañera
tanto musical como sentimental, Carmen, supieron descargar
la autenticidad de su rock sucio de raíces clásicas,
destacando a Mad Juana como uno de los grupos más
especiales del festival (aunque poca gente supo apreciarlo...).
Su colofón final fue más que interesante: le
dieron completamente la vuelta al clásico "I
just wanna be your dog" de Iggy Pop , transformándolo
en una insinuante canción de atmósfera hipnótica
potenciada por la performance de una bailarina oriental en
plena danza esotérica. Yo mismo me encargué
de felicitar a Mr.Yaffra con un golpe en el hombro
y un sincero "Great show!".
De
nuevo la carpa del escenario Pasatiempos se convirtió
en el marco de una de las mejores interpretaciones de todo
el festival. Me refiero a los increíbles El Diablo
en el Ojo, un sorprendente grupo mallorquín de
incuestionable talento y buen gusto, con influencias tan variadas
entre sí como Nick Cave, Tindersticks
(supongo que de ellos viene el nombre del grupo...), Scott
Walker, Roy Orbison, el Elvis de Las Vegas,
The Flaming Stars o The Cramps. El grupo cuenta
con la privilegiada doble posición de Michael Mesquida
(también guitarrista de Satellites) a la guitarra y
la indispensable interpretación de un soberbio Jordi
Maranges a la voz. Jordi imprime un dramatismo tan intenso
como elegante que es capaz de situarte a niveles superiores
de sensibilidad. Toda una demostración de madurez y
agresividad inteligentemente canalizada en beneficio de cada
canción. También me quise acercar a Jordi para
demostrarle mi asombro, haciéndole partícipe
de mis escalofríos recorriéndome la espalda
durante el show. Que nadie se despiste porque esto puede ser
la hostia.
The Strokes son la mayor estafa de la actualidad musical. Son de Nueva York y practican un pop-rock insulso y blandengue, con un cantante más inaguantable que el mismo Liam Gallagher (que ya es decir...). Grupo corporativo enfocado a triunfar en la apestosa prensa musical británica y en la puta MTV. Que les den por culo, no voy a malgastar más espacio hablando de semejantes payasos.
Muy distinto fue el caso de Six By Seven que con aquel flamante debut llamado "The things we make" (el mejor debut de todos los tiempos según el NME) y con un carismático Chris Olley al frente (un cruce entre Scott Weiland y Josh Homme) que supo descargar la fuerza necesaria de unas canciones que se mueven entre el stone rock más purista y el punk más intenso. Sonaron fuertes y contundentes. Un privilegio tenerlos por allí.
"I wanna talk about the blues...". Estaba muy claro que el lugar de honor en todo el festival estaba reservado para Jon Spencer Blues Explosion. La expectación creada fue enorme, y más aún en una primeriza edición. Después de hacernos esperar más de la cuenta y burlar a un par de redactores entusiastas saliendo por la puerta trasera del camerino (lo siento por Ignasi de Rock Sound), el actual maestro espiritual del blues-rock más intemporal y a la vez vanguardista, Jon Spencer, apareció en el escenario para descargar la portentosa genialidad de su música. La trituradora de blues, rock, soul y hasta hip-hop, arrancó con canciones desconocidas para la mayoría de los asistentes (suponemos que son temas nuevos). La energía que descargan los tres músicos en escena es tan efusiva y primigenia como la que antaño solían desplomar James Brown, los Stones, Sreeming´Jay´Hawkins o Jim Morrison. La verdad es que fue un lujo enorme poder disfrutar de un concierto así, con un Jon Spencer totalmente entregado, dejándose la garganta en cada estrofa, experimentando con el extraño sonido de un arcaico aparato de radio, destrozando el micrófono contra el suelo y revolcándose por el suelo del escenario. Una verdadera maravilla que sigue teniendo la fórmula infalible. Los muertos del cementerio de Esporles debieron vibrar en sus tumbas esa noche.
Finalmente,
bajo el entrañable manto de la carpa, los mallorquines
Satellites cerraron el festival con un concierto memorable
que hasta me atrevo a situar casi a la altura de Jon Spencer
Blues Explosion (que me critique quién quiera...).
La banda de Jordi Herrera (así como nos comentó
instantes atrás en la rueda de prensa), se esforzó
por crear un show de fuerte descarga rockera, llegando a niveles
de autentica perplejidad por la intensidad de su directo.
Lo suyo fue pura confrontación física, invadiendo
cada pequeño espacio del escenario con su desgarrada
visceralidad interpretativa. Las canciones de su flamante
"Our very bright darkness" sonaron redondas,
demostrando que su fama en Londres después de sus dos
reveladores conciertos en la sala Monarch está
de sobras justificada, y que a veces no hace falta buscar
joyas musicales más allá de nuestras propias
fronteras. La verdad es que consiguieron enloquecer a su público
y dejaron boqueabiertos a los más inconformistas. La
imagen final de Jordi rasgando su guitarra enloquecido en
el foso, emulando al Kurt Cobain más pasado
de vueltas (aunque seguramente no le guste la comparación),
se ha quedado grabada en mi retina para siempre. La clausura
perfecta.
Y hasta aquí llegó el Festival Isladencanta 2001, un festival que como he comentado al principio se presenta como la más firme promesa de las islas y que con el tiempo puede llegar a alcanzar el nivel de sus hermanos nacionales. Aún son muchas las cosas que hay que hacer para mejorarlo (podríamos advertir que quizás la mayor pega sean las instalaciones con las que cuenta, el hecho de alternar los conciertos en vez de que presenten la simultaneidad alternativa que caracteriza a un festival de este tipo y su consecuente recorte de tiempo para cada show), pero en definitiva el balance es muy positivo, no solo por la calidad musical de sus propuestas, sino por el simple hecho de que ya es una realidad totalmente tangible. El sueño se ha hecho realidad. Ahora solo hace falta que nosotros, los que apreciamos la música, lo mantengamos vivo.
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